Fue en lo profundo de más profundo de la aflicción cuando la oración de David se volvió intensa

En su desesperación, David clamó, “Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica” (Salmo 130:2). Este versículo se asemeja a la oración de un hombre desahuciado. David obviamente no estaba simplemente expresando “oraciones estructuradas.”…




